Las cosas cambian rápidamente. Sino que me lo dijeran a mí.
Había dejado mi ciudad natal, Londres, para encontrar otro tipo de clima, uno
distinto al que estaba acostumbrada, que me hiciera no recordar. Pero allí
estaba, en Italia, en verano, dónde se supone que el sol lo ilumina todo,
predomina el calor y la ropa corta y suelta, dónde el mar es la mejor opción
para esta estación del año y dónde aflora la alegría, la simpatía y la
felicidad.
Había viajado hasta este país para cambiar de aires, para
disfrutar de todo aquello que me ofrecían aquellas ciudades. Y en cambio, no
sucedía nada de lo que había pensado en un momento anterior. Me encontraba
metida en el hotel, ¿por qué? porque llovía. Parecía que el tiempo había notado
mi presencia y se puso en contra de mi persona.
Así que, allí me encontraba sentada, mirando por el ventanal
como llovía sobre el precioso paisaje que tenía delante, cómo las gotas de agua
resbalaban por los cristales. Y sin poder remediarlo, los recuerdos volvían a
mí.
Habían sido cuatro
años, cuatro años de nuestra vida juntos y ahora todo se había acabado. Me era
difícil seguir, ¿cómo podía hallar mi camino si él no estaba? Su vida se había
convertido en la mía, su sonrisa era la razón de mi existencia , el roce de su
cuerpo con el mío se había convertido en mi abrigo, en mi hogar. Y ahora...
ahora me faltaba él. Se había marchado, ni siquiera me dio tiempo a despedirme.
En ese
momento me di cuenta de que no sabía lo que estaba haciendo allí, mi corazón
lloraba, lloraba por su pérdida, daba igual el lugar donde yo estuviese. Pero
sabía que ese dolor estaría conmigo toda la vida, lo único que haría sería
aliviarse. Él se encontraría siempre conmigo, en mi corazón. El viento que me rozara
a partir de ahora serían como sus caricias y con el tiempo aprendería a sonreír
al recordar cada momento juntos.
Mi amor,
siempre te amé, te amo y te amaré hasta el final. Espérame, dentro de un tiempo
estaremos juntos.
Tuya por siempre, Caroline.

