miércoles, 14 de noviembre de 2012

Evangeline


Estaba allí... de nuevo, en su pequeño Londres, dónde se crió. Sentada en una de las azoteas de un edificio, observando las callejuelas sinuosas donde había pasado muchísimo tiempo. Cuando de repente su mirada captó algo, sí, eran dos niños pequeños. La niña no tenía menos de 12 años mientras que el niño, más pequeño que ella, podría rondar los 7 años. Seguramente fueran hermanos, la situación por la que estaban allí podrían ser varias, podrían haberse quedado huérfanos, los podían haber abandonado o buscaban comida para una familia desesperada sin dinero. Sus ropas estaban manchadas y rotas y en la mirada se les notaba el miedo aunque eran muy valientes, solo por el hecho de encontrarse allí. Ese lugar no era para niños. La gente 'normal' con un nivel de renta suficiente como para satisfacer sus primeras necesidades y algunas más, y sin mencionar la gente que tenía mucho dinero, no sabían toda la miseria que recorría algunos barrios de aquella ciudad.
Al observar aquella escena, su mente volvió al pasado. Sin remediarlo se encontraba contemplando lo que años atrás en ese mismo lugar había ocurrido. Se veía a ella como si fuera aquella niña con la misma edad, lo único que cambiaba es que ella tenía dos hermanos, Catherine y Thomas, en vez de uno. No recordaba cómo llegaron allí, su mente recorría infinitas posibilidades, pero ¿realmente valía la pena recordar el por qué? No. Su mente rememoraba el miedo de sus hermanos pequeños y el miedo que ella misma no podía mostrar para no empeorar la situación. Llevaba a Thomas en brazos, cubierto por una capa que le cubría entero, su hermano se escondía en su regazo y la apretaba tan fuerte que a veces la dejaba hasta sin respiración. Mientras que Catherine iba agarrada de su mano libre, la tenía agarrada tan fuerte que no sabía ni como su hermana pequeña no se quejó, tenía miedo de que si aflojara su mano la perdiera y ya habían perdido bastante. Miedo, miedo, miedo... mie...
Sin darse cuenta, el parpadeo de sus ojos la trajo de vuelta a la realidad. Al rememorar aquello algo en su alma se movió, por lo que se puso su capa negra haciendo que todo su figura fuera cubierta. Aquella capa la hacía sentir bien, nadie la veía. Bajó de la azotea en busca de los niños. Nunca había sido amable, humilde, agradable, generosa, esa etapa quedo atrás hace muchísimo tiempo pero esos niños la recordaban a ella y a sus hermanos, por esta vez dejaría lo que era. Adentrándose en el callejón, los pequeños la vieron, sus caras mostraban terror y ¿cómo no lo iban a mostrar? nadie vestido así daría buenas sensaciones. Les hizo un gesto con la mano para que esperaran, a continuación metió su mano en el bolsillo y les mostró dos barras de pan y muy lentamente se las entregó. Los pequeños al ver lo que tenían en sus manos sonrieron y más al ver que entre los panes también había dinero, cuando se quisieron girar para darle las gracias, ella ya había desaparecido.

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